En 2016 nos planteamos hacer el Mont Blanc en estilo alpino desde Tete de Rousse, y tras varios problemas de agendas, en septiembre de 2017 ponemos rumbo al techo de Europa Occidental. Personalmente consideramos que la montaña se hace más cercana cuando la atacamos en estilo alpino y sin grandes alardes, sin ayuda y en autosuficiencia, como si se tratara de un cara a cara con ella. Y así lo intentamos en esta expedición. Siempre teniendo el cuenta que solo el 30% de los intentos alcanza la cima (el 70% con guía), y que se producen unas 40 muertes al año, con unos 1200 rescates en helicóptero en el macizo del Mont Blanc.

 

En esta ocasión, salimos de Vigo con más de 1800 km por delante con intención de llegar a Les Houches en el valle de Chamonix (Francia), a las faldas del mítico macizo del Mont Blanc. Gonzalo recoge a Adri en Rubiá (Barco de Valdeorras) y salimos ya un poco tarde. Hacemos noche en la provincia de Burgos, bajo un puente rural y al lado de una garduña encaramada a un árbol, donde dormimos al raso, a Gonzalo le pical algo en el dedo que lo deja como si fuera otra mano más. Por la noche llovió pero sin grandes consecuencias. En la mañana temprano continuamos rumbo a Francia, pasando por Burdeos, y haciendo noche en una construcción semi-abandonada (con perro fosilizado en su interior y aperos de labranza) en las cercanías de Lyon. Retomamos el camino tras desayunar. Llegamos al pueblo de Saint-Gervais-les-Bains para cerciorarnos de si funciona o no el tren cremallera. Se encuentra en mantenimiento como nos temíamos. Optamos por acércanos a Les Houches, como estaba previsto en un principio, para ascender por el teleférico hasta Bellevue, donde comenzaremos el trekking hasta Tete Rousse pasando por el Nido del Águila.Mont Blanc

Una vez en Bellevue el inicio del trekking fue confortable pero al poco se empezó a cerrar de niebla y la nieve hizo acto de presencia, prácticamente nos acompañaría toda la tarde. Alcanzamos, entre la espesa niebla, el Nido del Águila donde constatamos que están haciendo obras en el tren cremallera. Seguimos en dirección a Tete pasando por la cabaña Rouge que se encuentra llena de gente debido al mal tiempo. Ascendemos por el tortuoso camino hasta el collado donde se encentra el campamento base, cerca del refugio, a unos 3100 m de altitud. Prácticamente no hay huella y solamente un par de tiendas. Sigue nevando con lo que hacemos sitio entre la nieve con los piolets y montamos la tienda rápido mientras charlamos con un catalán que también intentará hacer cumbre los próximos días.

Esa noche descansamos bastantes horas, con intención de ir aclimatando y recuperar fuerzas. Mucho viento y nieve por la noche, pero amanece con mejor tiempo.

Con el nuevo día nos levantamos con calma, hacia algo de viento pero estaba el cielo despejado, y un mar de nueves bajo nuestros pies. Era día de descansar y aclimatar. Derretimos algo de nieve para hacernos un té caliente y desayunamos con calma. Nos preparamos y decidimos subir al Goûter por el temido Grand Couloir y su famosa bolera, consiste en una trepada mixta de nieve y roca, este tramo lo haríamos de noche al día siguiente, además nos serviría para seguir aclimatando un poco más ya que ascenderíamos a los 3900m. La realizamos detrás un polaco y nos sirve para familiarizarnos con la subida de casi 700 m de desnivel en un kilómetro. Una vez arriba hay que salvar un par de crestas para enfilar la Dome del Goûter. Volvemos a bajar para acostarnos tempranos y preparar la salida para las 2-3 de la madrugada.

Ese día llegaron muchos más alpinistas con sus tiendas, y otros que se iban directamente al refugio, ya que las predicciones daban una ventana de buen tiempo. A las 6 de la tarde nos metimos en la tienda, cenamos un poco de pasta y a dormir. Aprovechando la ventana de buen tiempo que daba la meteo al día siguiente, decidimos no esperar al tercer componente (Xoel) y hacer un primer ataque a cima, todavía no bien aclimatados. A las 02.40 Gonzalo ya estaba despierto, los nervios por la ascensión no lo dejaron dormir. Comenzamos a preparar todo el equipo y mochilas. Volvemos a derretir nieve para hacernos un te, hacemos un poco de sopa para llevar en el termo, que seguro nos vendrá de lujo allí arriba, nos equipamos: ropa, crampones, casco, piolet, arnés, frontal y salimos en la oscuridad para comenzar la trepada más técnica de la ascensión que nos lleva una hora y media.

Una vez en Goûter, encaramos las aristas para alcanzar las faldas de la Dome que hay que superar. En este punto comienza a amanecer y llegamos al collado que separa la Dome del Mont Blanc propiamente dicho, con un tremendo viento que amenaza con tumbarnos. Es donde comienza realmente la ascensión, una vez que dejamos el refugio Vallot, Nos encordamos y empezamos a subir. Una serie de aristas afiladas y crestas nos esperaran, además de un paso delicado con cuerda fija. El viento era fuerte y te hacia perder el equilibrio en una zona de arista donde un resbalón podría ser fatal, concentrados, ya notando la falta de oxígeno, costaba respirar, pasito a pasito llegamos a la cumbre!! Fotos desde la cima y bajando rápido pues soplaba un viento muy fuerte y gélido, unos minutos allí parado y te quedabas congelado.

Descendemos rápido por el fuerte viento y hacemos una parada para reponer fuerzas protegidos en el refugio Vallot, tomando una sopa caliente que porteábamos en el termo ¡¡nos dio la vida!!. Seguimos descendiendo y paramos antes de afrontar la bajada por Goûter, para alcanzar el campamento tras unas 11 horas, 14 km y cerca de 2000 m de desnivel. Allí debería aparecernos a lo lago de la tarde-noche Xoel, que se une a la expedición en este punto.

Un par de horas después llega Xoel, que por problemas personales no pudo venir con nosotros en coche. Llega contento y animado, y con ganas de intentar Mont Blanc a la mañana siguiente.

Nos instalamos los tres en la tienda, cenamos y nos acostamos.

A las 4 am suena el despertador. Xoel y Adrian se preparan, desayunan bien, hacen un Té para llevar y a las 5.10 salen dirección Mont blanc.

Mientras tanto Gonzalo se queda en el campamento haciendo agua y estudiando el glaciar Bionnassay acompañado de las chovas piquigualdas Pyrrhocorax graculus.

El ritmo de ascensión era muy bueno y las condiciones climatológicas inmejorables, no hacia viento como el miércoles por lo que disfrutaríamos de la jornada de montaña. Seguimos los pasos del día anterior y volvimos a coronar Mont Blanc en tiempo record, gracias a que Adri se conoce ya perfectamente la ruta normal después de que hubiéramos ascendido y descendido.

Bajamos veloces dejándonos llevar por el buen estado de la nieve y llegamos a nuestro campamento base haciendo un total de 7h 55 min. Completando así la segunda ascensión de Adrián al Mont Blanc en menos de 24h

Una vez regresan al campamento nuevamente, desmontamos tiendas, preparamos mochilas y comenzamos el descenso a Bellevue para llegar a las 17:30 que es el último teleférico que nos dejará en la seguridad de Les Houses. El último tramo del trekking lo hacemos al trote por la vía del tren cremallera (más directa) por la premura del tiempo. Llegamos justo a la hora empapados en sudor!

Después de una merecidísima cerveza y cena en el pueblo, hacemos noche en la base de uno de los teleféricos que todavía están parados mientras no comienza la temporada de esquí. Decidimos no montar la tienda, y por la noche se nos empapan los sacos externamente, aunque no llegan a calarse. Una vez levantados y desayunados ponemos rumbo a Chamonix, con la intención de atacar el mítico glaciar Mer de Glace. Pasamos antes por la oficina de guías de alta montaña para conocer las condiciones del mismo. Recomiendan ir encordados, con crampones y bastones (no piolet). Subimos hasta allí en un tren cremallera. El descenso hasta el glaciar se hace por una vía ferrata de varios cientos de metros anclada a una impresionante pared de granito horadada por el glaciar. Llegamos hasta la bifurcación, ya que desde allí aparecen gran cantidad de grietas insalvables, y ya nos ha pegado algún susto el glaciar.

Al regresar hacemos noche en un parking de Chamonix, un tanto escondidos. Por la mañana decidimos hacer el trekking a los lagos de Cheserys, en el interior de Reserva Natural de las Aiguilles Rouges, desde el Col des Montets. En esa ruta observamos un gran número de íbices, Capra ibex y buscamos sin éxito el tritón alpino Ichthyosaura alpestris. Tras descender al mediodía, dejamos a Xoel en el aeropuerto de Ginebra, y comenzamos el largo regreso a Galicia. Esa noche montamos la tienda en una amplia área de descanso de la autopista que une las ciudades de Lyon y Burdeos.

Al día siguiente reemprendemos el camino, y ya en España, nos dirigimos al Parque Natural de Fuentes Carrionas. Hacemos noche de casualidad en un castillo medieval en las inmediaciones de la localidad de Poza de la Sal, lugar donde nacía hace unos 89 años el mítico Feliz Rodríguez de la Fuente, inspirador de los fanáticos de la naturaleza, entre los que nos encontramos. Con cara de felicidad y como dos niños con juguetes nuevos nos recorremos un pequeño itinerario marcado en el puedo donde pasó su infancia, rememorando las andanzas de su pandilla.

Dormimos en el castillo medieval sin que los espíritus allí presentes nos molestaran y nos topamos con un ejemplar de murciélago orejudo dorado Plecotus auritus y otro murciélago ratonero grande Myotis myotis.

El último día fuimos para el parque natural con la intención de hacer parte de la ruta del oso, donde nos topamos con unos cazadores que estaban cobrando un ciervo macho abatido pocos minutos antes. Observamos como se arremolinaba un nutrido grupo de buitres leonados (Gyps fulvus) por lo que intentamos encontrar el cadáver que habían dejado los cazadores (solo se habían llevado la cabeza con la cornamenta) sin éxito, tras casi dos horas rastreando.

En definitiva 9 noches durmiendo en suelo duro, con el equipo de montaña a cuestas por media Europa con más de 3600 km recorridos para hacer cumbre en una montaña histórica, cuna del alpinismo mundial.